Que un día de lluvia...
...Matilde acabó
por tirarse en el río...
Hoy tenía ganas de actualizar el blog. Más de uno lo reclamasteis, y es cierto que lo tenía un poco abandonado. Los lectores habituales sabéis que estoy pasando por un momento dulce, tanto en general los últimos meses como en concreto estas semanas de agosto.
Hoy una amiga tenía un viaje y un compromiso, y quería dedicarle un post de ánimo, aprovechando para recordar esa quedada que, sin ser perfecta, me hizo sentir tan bien. Quería decirle que poco a poco entendí que quizá la distancia sea un rollo, pero que en el fondo me alegro de que los dos vivamos en la ciudad que nos hace felices. Lo otro es superable.
Estaba animado, y además empezaba este lunes de la mejor manera posible, sin sospechar lo que se me venía encima. Y entonces apareció un paciente, un hombre mayor, al que tengo mucho aprecio, y de los que da gusto visitar porque están muy bien. Y me habló de su hijo, al que casualmente yo había visitado en Urgencias. Todos habían estado contentos de esa casualidad, porque, decían, yo era un muy buen psiquiatra.
El hijo de mi paciente me dijo que no podía con la ansiedad, que llegaba a pensar en tirarse por la ventana. Cambiamos la medicación, "mejor que estés dormido que ansioso, ya la bajaremos más tarde". Tenía visita con su médico de cabecera en 2 días. Allí estuvo, pero no sé como fue.
Diez días después, no pudo más.
Se tiró.
Tras caer cuatro pisos, su cuerpo aguantó trece días de lucha antes de pararse. Luego no pudo más.
...abrázame fuerte,
que no pueda respirar...
Y no puedo pensar en otra cosa: no lo hice lo mejor posible. Tenía que haberlo hecho mejor. Ese paciente lo merecía, TODOS lo merecen. Debí darle otra visita conmigo, o ingresarle, o ponerle otra medicación. Pero no lo hice. Pensé "estará bien", y no lo estuvo. Claro que pudo volver a Urgencias como le dije, o tomar más medicación, o avisar a su familia, pero el psiquiatra, el que se supone que sabe qué hacer, era yo. Él sólo lo pasaba mal. Debí hacer algo distinto.
Sé que "son cosas que pasan". Sé que "los médicos no sois máquinas", y sé perfectamente que la salud mental no tiene nada de ciencia exacta. Pero no puedo pensar en otra cosa: un buen marido, un buen padre, alguien que se había conseguido rehabilitar de sus adicciones... y sobre todo, un buen hijo para alguien a quien aprecio, no pudo más y murió porque yo hice lo que hice y no otra cosa. Porque no supe hacerlo mejor.
Poco después, una paciente me cuenta que se ha vuelto a sentir peor. Mucho peor. Que tuvo una caja de pastillas en la mano con intención de tomárselas todas. Poco después, cuando tengo intención de relajarme pensando en Magic, me dicen que un tipo al que conozco hace años y al que tengo aprecio está en la UCI, y ni siquiera saben lo que tiene.
Hay días en que preferiría trabajar en un McDonald's.
Sin embargo, tengo la suerte de tener una sonrisa cerca para poder dejar de pensar, para sumergirme en un abrazo y sentir que puedo abandonarme y no pensar.
Y sí, vale, a veces me da miedo que un día ya no quiera bailar conmigo. Pero en días como hoy, a la mierda los miedos, y a la mierda el futuro. A la mierda el reglamento. Esto me lo enseñó Danny Boodman T. D. Lemon Novecento, el pianista más grande que ha tocado en el océano. Hoy, quiero tranquilidad y una voz suave que me arrulle y unas manos que me hagan sentir protegido.
Y si me muestro vulnerable, de eso ya me encargaré mañana.
Hoy, soy un afortunado. A pesar de. O precisamente por ello.
por tirarse en el río...
Hoy tenía ganas de actualizar el blog. Más de uno lo reclamasteis, y es cierto que lo tenía un poco abandonado. Los lectores habituales sabéis que estoy pasando por un momento dulce, tanto en general los últimos meses como en concreto estas semanas de agosto.
Hoy una amiga tenía un viaje y un compromiso, y quería dedicarle un post de ánimo, aprovechando para recordar esa quedada que, sin ser perfecta, me hizo sentir tan bien. Quería decirle que poco a poco entendí que quizá la distancia sea un rollo, pero que en el fondo me alegro de que los dos vivamos en la ciudad que nos hace felices. Lo otro es superable.
Estaba animado, y además empezaba este lunes de la mejor manera posible, sin sospechar lo que se me venía encima. Y entonces apareció un paciente, un hombre mayor, al que tengo mucho aprecio, y de los que da gusto visitar porque están muy bien. Y me habló de su hijo, al que casualmente yo había visitado en Urgencias. Todos habían estado contentos de esa casualidad, porque, decían, yo era un muy buen psiquiatra.
El hijo de mi paciente me dijo que no podía con la ansiedad, que llegaba a pensar en tirarse por la ventana. Cambiamos la medicación, "mejor que estés dormido que ansioso, ya la bajaremos más tarde". Tenía visita con su médico de cabecera en 2 días. Allí estuvo, pero no sé como fue.
Diez días después, no pudo más.
Se tiró.
Tras caer cuatro pisos, su cuerpo aguantó trece días de lucha antes de pararse. Luego no pudo más.
...abrázame fuerte,
que no pueda respirar...
Y no puedo pensar en otra cosa: no lo hice lo mejor posible. Tenía que haberlo hecho mejor. Ese paciente lo merecía, TODOS lo merecen. Debí darle otra visita conmigo, o ingresarle, o ponerle otra medicación. Pero no lo hice. Pensé "estará bien", y no lo estuvo. Claro que pudo volver a Urgencias como le dije, o tomar más medicación, o avisar a su familia, pero el psiquiatra, el que se supone que sabe qué hacer, era yo. Él sólo lo pasaba mal. Debí hacer algo distinto.
Sé que "son cosas que pasan". Sé que "los médicos no sois máquinas", y sé perfectamente que la salud mental no tiene nada de ciencia exacta. Pero no puedo pensar en otra cosa: un buen marido, un buen padre, alguien que se había conseguido rehabilitar de sus adicciones... y sobre todo, un buen hijo para alguien a quien aprecio, no pudo más y murió porque yo hice lo que hice y no otra cosa. Porque no supe hacerlo mejor.
Poco después, una paciente me cuenta que se ha vuelto a sentir peor. Mucho peor. Que tuvo una caja de pastillas en la mano con intención de tomárselas todas. Poco después, cuando tengo intención de relajarme pensando en Magic, me dicen que un tipo al que conozco hace años y al que tengo aprecio está en la UCI, y ni siquiera saben lo que tiene.
Hay días en que preferiría trabajar en un McDonald's.
Sin embargo, tengo la suerte de tener una sonrisa cerca para poder dejar de pensar, para sumergirme en un abrazo y sentir que puedo abandonarme y no pensar.
Y sí, vale, a veces me da miedo que un día ya no quiera bailar conmigo. Pero en días como hoy, a la mierda los miedos, y a la mierda el futuro. A la mierda el reglamento. Esto me lo enseñó Danny Boodman T. D. Lemon Novecento, el pianista más grande que ha tocado en el océano. Hoy, quiero tranquilidad y una voz suave que me arrulle y unas manos que me hagan sentir protegido.
Y si me muestro vulnerable, de eso ya me encargaré mañana.
Hoy, soy un afortunado. A pesar de. O precisamente por ello.
Etiquetas: psiquiatría
7 Comments:
No puedes ingresar a todo el mundo por si acaso. El problema es que en tu profesión ocurren cosas irreversibles, pero es su decisión.
Es imposible salvar a todo el mundo, no eres un superhéroe [aunque te acercas ;)]
Vaya, siento mucho lo ocurrido y auque el sentimiento de "podía haber hecho algo más" es inevitable creo que, como les digo a mis alumnos, preveiste lo previsible y evitaste lo evitable. El resto entra en el campo del "What if...?" y los mundos alternativos.
De todas maneras, si trabajaras en un McDonald's, probablemente acabarías en la cárcel el segundo día..... xD
MiguelON
Este sí que es mío. Aunque en ocasiones una querría decir algo pero no hay palabras para ello. Es duro crecer cuando lo haces a costa de otros, cuando la suerte, esta furcia desalmada, decide fastidiarte y apagar la luz.
Pero hay otros con los que estas a tienpo de hacer las cosas bien, siempre.
Y ya sabes... si necesitas algo llama por tu gelatina o pastel de mojito
Lluna
Lo eres, sin duda y pese a todo. Disfrútalo y olvida todo lo demás, aunque sea por hoy.
Hi ha dies de pluja... Es tracta d'obrir el paraigües i aguantar el xàfec, no es fàcil, perquè moltes vegades el paraigües no és prou resistent, però de tant en tant també surt el sol.
Un petó.
Marina B.
Jo-der
Joder, Doc, si yo me responsabilizara de todo lo que ocurre a mi alrededor, no levantaría cabeza. Y no tengo una profesión como la tuya.
Pero bueno, creo no hay nada que pueda decirte. Sentirte o no responsable está en tu forma de enfocar las cosas y lo que te digan de fuera puede servir para provocarte una sonrisilla agradecida de pero sin fuerza, un "ya, ya..." y poco más.
Lo que sí ayuda es dar rienda suelta a la vulnerabilidad y que pueda quejarse de cuando en cuando. Que lo suyo se lleva.
Sin miedo, Doc. Te lo dice una experta. ;)
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