Psycho!
y su pez,
con mi cariño y admiración
(y cierta nostalgia de leerla)
Junio ha sido, sin duda, el mes de la psicopatía. En mi rotación por la psiquiatría de toxicomanías he visto de todo, desde chavales jóvenes perfectamente adaptados pero con un problema con el alcohol que les avergüenza, hasta señoras mayores con los dientes podridos por tantos años de heroína. Pero también han aparecido ante mí, con una claridad y frecuencia que no había visto nunca, los psicópatas. Además, he podido conocer otras visiones de la salud mental, he tenido la posibilidad de añadir la visión de un catedrático experto en psicopatías respecto a los últimos avances, y he vivido ciertas experiencias personales. Todo esto ha condicionado la elaboración de ciertas reflexiones que llevaban tiempo sembrándose en mis pensamientos, y gracias a estas, he podido entender también experiencias de mi pasado cercano (y algunas más antiguas).
“Psicópata” es un término que los profesionales de la salud mental utilizamos a menudo, y demasiado a la ligera. Yo mismo lo he utilizado en exceso, como un término peyorativo más, hacia aquel que simplemente se muestra poco empático o emocionalmente frío. Incluso a veces lo he dicho en tono cariñoso hacia algún amigo. Al que, por cierto, tengo que dejar de llamar así: la vida se encargó de enseñarme más sobre los psicópatas “de verdad” justo después de que él me diera una lección con su comportamiento respecto al terremoto y desastre posterior en Japón.
Hollywood también ha ap
ortado sus granitos de arena a los malentendidos sobre la psicopatía. Ahora en cualquier peli de miedo que se precie tienes que poner un “psicópata”, y en general la imagen que la sociedad se ha formado de lo que es un psicópata está entre el “perseguidor implacable” estilo Viernes 13, y el “enfermo mental carismático y refinado” cuyo máximo exponente sería Hannibal Lecter. Personaje hipnótico y tremendamente interpretado en la pantalla, la verdad, pero también alejado de lo que sería un psicópata en la vida real.
El caso es que, como Pedro con el lobo, de tanto usarlo el término se nos ha hecho común. Poco peligroso. Vacío. Y esto puede ocasionar que, cuando tenemos delante un verdadero psicópata, no seamos capaces de atar cabos y diagnosticarlo rápidamente, lo cual puede tener graves consecuencias. Tanto en la vida profesional como en la personal.
Y es que un psicópata, uno “de verdad”, no tiene ese encanto ni es simplemente poco empático. Un psicópata es un lobo buscando corderos silenciosos para satisfacer sus deseos, y estos normalmente incluyen la destrucción, la humillación o la subordinación. Mientras que un TLP, por ejemplo, mentirá y engañará para seguir sus impulsos desbordados, o para cubrir sus propias miserias, un psicópata utilizará la mentira como un instrumento más… o, en ocasiones, simplemente mentirá por el placer de mentir, supongo que en cierta manera similar al de hacer daño.
Digo “supongo” porque, aunque pensemos que entendemos a estos pacientes, que les tenemos “clasificados” en nuestros manuales y que sabemos como funcionan, en mi opinión e
s imposible que podamos situarnos en sus pensamientos, que podamos, de alguna manera, empatizar con ellos (lo cual no está exento de cierta ironía). Como decía al principio, este último mes he aprendido mucho sobre el tema, y una de las revelaciones ha sido sobre “el origen” de la patología. Estudios con neuroimagen nos revelan que las alteraciones originales que condicionan la psicopatía (por ejemplo déficits en la amígdala que impiden el condicionamiento del miedo) están ocasionados por déficits en el neurodesarrollo. Es decir, que el psicópata “nace” al menos tanto como “se hace”, que su cerebro funciona de manera diferente desde el principio. De lo cual nace otra pregunta: ¿son entonces responsables los psicópatas de su comportamiento destructivo y parasitario, o es simplemente la única manera de la que saben actuar? Puede que os suene absurdo o a defender lo indefendible, pero si es así, recordad que quien os dicta esos pensamientos, o vuestras conductas, es vuestro cerebro… y que es diferente al de un psicópata.
Por suerte, un psiquiatra más experimentado que yo (no era difícil tampoco) vino al rescate de mis divagaciones sobre “culpabilidad”, y volvió a centrar el tema en donde debe estar. Puede que sean responsables y actúen por maldad, puede que sea la única manera en que pueden actuar, o puede que tengan elección pero no entiendan el concepto “maldad”, pero el caso es que actúan como lo hacen. Lo importante no es por qué, sino como vamos a proteger al resto de la sociedad de ellos. Y, a nivel personal, la mejor medida de protección es darse la vuelta y continuar caminando en dirección opuesta.
Tengo qu
e reconocer que estas palabras me reconfortaron, al confirmarme en mi actitud de los últimos tiempos: entrar a las provocaciones o intentar venganzas con un psicópata está condenado al fracaso, por los mismos motivos que Batman lucha siempre con el handicap de respetar su código moral mientras los villanos no lo hacen (bueno, en realidad dudo mucho de que Joker haya pretendido nunca matar a un oponente al que ama porque le define, pero esa es otra historia). Hay quien opina que los psicópatas deberían ser encerrados (¡o ejecutados!) sólo por el hecho de serlo, pero esta idea también despierta mis sospechas: como le decía, yo no querría formar parte del tribunal que decidiría quien es considerado “culpable” de psicopatía por nada del mundo. No sólo por los falsos positivos, que existirían, sino porque posiblemente los únicos psicópatas que serían juzgados serían los tontos, o los que tuvieran pocos recursos. Los inteligentes, en cambio, probablemente acabaran formando parte del propio tribunal.
Así que, de momento, me conformo con haber sabido girar sobre mis pies y haberme alejado de tanto mal como tenía alrededor.
Porque un psicópata no se cura. O, mejor dicho, no le curamos. Los recursos que se le dediquen a un psicópata son recursos perdidos, tanto a nivel personal como de sanidad. Puede tener sintomatología acompañante: depresiva, ansiosa, conductual, adictiva… y sí puede mejorar estos síntomas, pero cuando quiera, cuando le interese para sus fines. Si un psicópata mejora de su depresión, o pretende desintoxicarse de alguna sustancia… deberías preguntarte cuales son estos motivos. Pero su conducta, su manera de ver el mundo, de relacionarse con otros humanos, no va a cambiar.
Por suerte, la prevalencia de psicopatía es lo suficientemente baja como para que no sea común tener una relación estrecha con una persona de este tipo. No queda más remedio que cruzarse con ellos cuando la situación requiere hablar con un director de banco, o verlos en la televisión cuando son entrevistados, pero tener una relación a nivel personal es otra cosa. No obstante, hay quien tiene la mala suerte de tener lazos de sangre con alguno, o de caer en las trampas que saben tender y acabar desarrollando una implicación personal con un psicópata.
En ese desagradable caso, espero que os sea de utilidad lo leído, y si tenéis que recordar una única cosa que sea esta: el único psicópata inofensivo es el psicópata solo, así que no dudéis en dar la vuelta y desaparecer: hay gente que os quiere por quienes sois, no para satisfacer su enfermiza manera de ver el mundo. Caminad hacia ellos. Os puedo asegurar que vale la pena :)
Etiquetas: psiquiatría, reflexiones
6 Comments:
los psicopatas distinguen y saben cómo actuar ellos lo hacen porque quieren los mayores expertos en ellos lo dicen pues como tú dices hemos tenido que convivir con uno y eso hizo que aprendiese sobre ellos, yo creo que deberían ser ejecutados los psicopatas y no tendría remordimiento en hacerlo yo misma con alguno en particular ellos ensucia a su alrededor, mienten, chantajean y manipulan porque quieren, y como tú dices hay que protegernos a los demás, por lo que si no deberían estar encerrados y no salir en cuanto a la dedicatoria aunque es chula tendrías que replantearlo porque hablas de admiración y yo como sabes soy una persona miedosa y asustadiza en parte porque el puto psicopata contribuyo a ello afortunadamente poco más comparto con él en cuanto a carácter el pez y yo te apreciamos (que sepas que te lo dejo porque me lo pides pero escribir algo que van a leer los demás me cuesta un poco)
Ilustrativo. Si que has aprendido en estos meses :)
Genial entrada. Ilustrativa y didáctiva. Entendible y sumamente accesible, salvo las siglas.
Me gustaría leerte ahora sobre l@s no empátic@s y/o emocionalmente fri@s.
@perezreverte: lo que intentaba explicar en parte del blog es que... si tu cerebro no tuviera los conceptos "empatía", o "compasión", por qué deberías aplicarlos? Por qué no actuar solo en beneficio propio? Me gustaría que tus heridas sanen pronto, esperando que ambos podamos hablar de manera más desapasionada de todo esto.
@anónimo: gracias. no se puede olvidar todo lo que tú has influido en ello.
@Nana: Gracias por tus palabras, me halagas. Sólo he visto unas siglas al releerlo, TLP, que se corresponde con Trastorno Límite de Personalidad. Posiblemente el peor trastorno para uno mismo, y uno que he vivido demasiado de cerca varias veces.
Por otra parte, todos los psicópatas cumplen lo de no ser empatic@s o ser emocionalmente frí@s, pero lo que decía en la entrada era que no sólo con eso se hace un psicópata. No quiero hacer de este rincón un compendio de psicopatología: escribí esto por diversos factores que se dieron este mes de junio, no pretendo aleccionar. Pero si quieres, podemos hablar de ello tomando algo ;)
Está divertida la entrada del blog. No me voy a meter en el tema psiquiátrico porque ahí me ganas (obv) pero para un freak del Derecho como yo, se plantean algunas cuestiones interesantes. ¿Debería "encerrarse" a personas por lo que son y no por lo que hacen? Para mí la respuesta es clara: no. El derecho, y más el derecho penal, debe reprochar acciones y nunca personalidades: detenemos a alguien por robar en el metro, no porque sea rumano. Lógicamente, el psicópata actúa por el placer de dañar y en tanto que sus acciones no puedan encajarse en algún tipo penal (v.gr. acoso, “buying”, etc.), nada podemos reprocharle (jurídicamente).
Igualmente, también se me hace difícil justificar el encierro de una persona en una institución sanitaria bajo argumentos como “el psicópata no se cura” y “el psicópata lo es siempre”. Primero porque si es por su bien y aceptamos el axioma de que no tiene cura (cosa que pongo, al menos, en cuarentena como las miles de enfermedades y trastornos que no tenían “cura” a lo largo de la historia de la medicina), ningún bien le haríamos a él; y si en realidad lo que queremos es proteger a terceras personas, lo que estaremos juzgando son sus actos hacia ell@s y no el hecho de que “es un psicópata”.
Y por el contrario, ¿debería ser considerado una eximente de responsabilidad, al menos, parcial? En todo caso, decidir si la pulsión psicópata es incontrolable y la persona actúa sin voluntad, privada de su libre albedrío, se lo dejo a los médicos que para eso les pagamos!! xDD
Anyway, en lo que sí estoy 100% de acuerdo, y lo hago extensible para todo tipo de personas, es que hay que huir de todo psicópata, vampir@ emocional, aprovechad@, victimista, parásito y demás miembros (y miembras) del sector hijoputista de nuestra sociedad (y nuestras vidas), y correr hacia las personas que nos quieren de verdad y que dan la cara (y lo que haga falta) por nosotros.
He dicho.
MiguelON
Gracias por el comment, Miguel. De hecho, no tengo respuestas claras, por eso precisamente escribía el post, para mover a la reflexión igual que yo ando en ella. Creo que, como dices, hasta que no avancemos más en la investigación de este tipo de trastornos, nuestro conocimiento se queda corto. Como digo en el texto, a mí al menos me resulta imposible comprender un cerebro que "funciona" de otra manera. Como intentar entender un Mac si eres un PC, vamos xD
En cuanto al último párrafo, gracias de nuevo. Por decirlo alto y claro, y por ser una de esas personas :P
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