Sentido y responsabilidad
Esta tarde, gracias a mi madre, he podido disfrutar de una obra de teatro que no me llamaba especialmente la atención en un primer momento: "Truca un inspector", original de J. B. Priestley, al que no tenía el gusto de conocer previamente.
No quiero hablar del argumento porque creo que es mejor verla sabiendo lo mínimo al respecto. No obstante, yo me esperaba algo más policíaco, o estilo Agatha Christie, y me he encontrado con que el tal Priestley era un activista político de cuidado: ya en los primeros 15 minutos deja clara su intención de retratar, sin la más mínima concesión, la situación social de su época, especialmente la de la burguesía acomodada. Lamentablemente, este retrato del capitalismo salvaje y la despersonalización de la industria no podría estar de mayor actualidad, exactamente 99 años después del momento que retrata. Sólo por ello valdría la pena verla.
No obstante, en seguida la obra va mucho más allá: en realidad es un ensayo sincero, profundo, hiriente, sobre los conceptos de la responsabilidad y la culpa, del egoísmo y de la hipocresía con que se intenta justificarlo, del arrepentimiento y lo inevitable de las decisiones tomadas, así como de la asunción de sus consecuencias, sobre uno mismo y los demás. Habla de tomar nuestras decisiones mirando hacia nosotros y nuestro beneficio o pensar, mucho más, en el resto de humanos. El autor lo tiene claro: ese extraño inspector que desnuda las miserias de la familia de buena posición podría ser perfectamente su personalización dentro del relato. Y deja perlas como esta:

Un compendio de decisiones egoístas, de personajes centrados en sus propias obsesiones y miserias, en sus emociones, descartando las de los demás, que conducen a un final trágico. Y ahí empieza la obra. Introspección, réplicas descarnadas y una buena dosis de desesperanza y humor negro. Aún así, durante su desarrollo, un rayo de esperanza, quizá, en la diferencia de las reacciones de los más jóvenes de la familia respecto al resto. Por suerte o por desgracia, yo soy capaz de verme en casi todos los personajes, tanto en sus miserias y sus mezquindades como en sus diatribas y sus buenas intenciones.
Por todo ello, "Truca un inspector" es una obra que no puede dejarte indiferente. Y por todo ello, os la recomiendo a todos los lectores de este blog. Por motivos diversos, pero a todos os debería decir algo y, espero, mantenerse en vuestra cabeza hasta mucho después de que el telón haya caído. Al fin y al cabo, de eso va la literatura.
PD: para quien no pueda acudir a BCN a verla, o no se defienda con el catalán, existe una adaptación al cine de 1954, así como una miniserie de la BBC de 1982. No puedo asegurar que las actuaciones sean tan magníficas como las de la obra que vi, pero seguro que también vale la pena.
No quiero hablar del argumento porque creo que es mejor verla sabiendo lo mínimo al respecto. No obstante, yo me esperaba algo más policíaco, o estilo Agatha Christie, y me he encontrado con que el tal Priestley era un activista político de cuidado: ya en los primeros 15 minutos deja clara su intención de retratar, sin la más mínima concesión, la situación social de su época, especialmente la de la burguesía acomodada. Lamentablemente, este retrato del capitalismo salvaje y la despersonalización de la industria no podría estar de mayor actualidad, exactamente 99 años después del momento que retrata. Sólo por ello valdría la pena verla.
No obstante, en seguida la obra va mucho más allá: en realidad es un ensayo sincero, profundo, hiriente, sobre los conceptos de la responsabilidad y la culpa, del egoísmo y de la hipocresía con que se intenta justificarlo, del arrepentimiento y lo inevitable de las decisiones tomadas, así como de la asunción de sus consecuencias, sobre uno mismo y los demás. Habla de tomar nuestras decisiones mirando hacia nosotros y nuestro beneficio o pensar, mucho más, en el resto de humanos. El autor lo tiene claro: ese extraño inspector que desnuda las miserias de la familia de buena posición podría ser perfectamente su personalización dentro del relato. Y deja perlas como esta:
Un compendio de decisiones egoístas, de personajes centrados en sus propias obsesiones y miserias, en sus emociones, descartando las de los demás, que conducen a un final trágico. Y ahí empieza la obra. Introspección, réplicas descarnadas y una buena dosis de desesperanza y humor negro. Aún así, durante su desarrollo, un rayo de esperanza, quizá, en la diferencia de las reacciones de los más jóvenes de la familia respecto al resto. Por suerte o por desgracia, yo soy capaz de verme en casi todos los personajes, tanto en sus miserias y sus mezquindades como en sus diatribas y sus buenas intenciones.
Por todo ello, "Truca un inspector" es una obra que no puede dejarte indiferente. Y por todo ello, os la recomiendo a todos los lectores de este blog. Por motivos diversos, pero a todos os debería decir algo y, espero, mantenerse en vuestra cabeza hasta mucho después de que el telón haya caído. Al fin y al cabo, de eso va la literatura.
PD: para quien no pueda acudir a BCN a verla, o no se defienda con el catalán, existe una adaptación al cine de 1954, así como una miniserie de la BBC de 1982. No puedo asegurar que las actuaciones sean tan magníficas como las de la obra que vi, pero seguro que también vale la pena.
Etiquetas: reflexiones, teatro
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home